viernes, 4 de septiembre de 2026

Alta Traición (poema de José Emilio Pacheco)

 


No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

domingo, 1 de febrero de 2026

Pater

 (Pequeño poema dedicado a mi padre)

Padre.

Se que la felicidad que buscas no esta con tus hijos. Ni con el recuerdo eterno de una esposa que vive más allá del dolor y de las palabras.

Existe entre tu propio ego.

Entre el delirio de grandeza. De no envejecer nunca. 

De permanecer siempre con la piel lozana como los artistas de cine, cuyas caras operadas te persiguen. 

De ser el centro de atención de los demás. 

De no morir. 

No pudiste reconciliarte con la muerte que nos busca a todos. Por eso quieres permanecer joven: con tintes de pelo caseros, cirugías fallidas. 

Actitudes de adolescente confundido y rebelde. 

Quizás así lograras encontrar alguien para olvidar que estas solo, dices. 

“Usted no sabe la soledad que llevo”.

Si lo se, papá. 

A mi también me descartaron como un juguete inservible. A mi también me dijeron en mi cara que nadie me iba a querer; que no podría amar a nadie antes de amarme a mi misma. 

Vete, entonces. Ve y busca a esa mujer joven, sin arrugas. Que solo te quiera cuando lo ocultas a todos porque sabes que no te conviene, porque a ella también le das asco. 

Ve y no vuelvas cuando ya no tengas dinero. 

Cuando a ti también te hagan de lado. Cuando entiendas que el mundo nunca se detiene, ni siquiera por ti. 

Yo me quedaré con mi café de los domingos, en silencio. Sin tener que pensar en cómo entretener a quien no le importa ni su esposa, ni sus hijos ni nadie que no sea si mismo. 

Porque el dolor de hija más grande es entender que su padre no fue un padre de verdad, sino quien engendró para después reducir la vida entera a un ajuste de cuentas. 

miércoles, 6 de noviembre de 2024

How to cry at a concert, Macca style.

Los recuerdos nunca son claros, pero por la magia del tiempo, es lo que permanece después de tantos eventos, tantas vidas. 

Yo no sé cual fue la primera canción que escuché, o con cuál me arrullaban para dormir de niña, pero si recuerdo que el rock fue y ha sido uno de los amores más eternos que he tenido: desde Cat Stevens, Dire Straits, Metallica - la lista es larguísima. Pero hay una banda a la que yo regreso siempre, a la que muchos volvemos después de despotricar quizás que no eran buenos músicos pero nos damos cuenta tiempo después que la suma de las partes es mucho más fuerte; que entendemos que muchas veces no es necesario el virtuosismo sino tres acordes bien puestos, con canciones que nos hablan de la vida que pasa frente a nuestros ojos sin que podamos hacer nada por detenerla. 

John, Paul, Ringo, George. 


Hace doce años, yo vivía en Nueva York terminando mi maestría en periodismo, que si bien me dió la oportunidad para conocer otro mundo y personas que permanecen en mi vida hasta hoy, no fue lo que esperaba (en parte porque yo misma no supe aprovechar las oportunidades que tuve, pero esa es otra historia). Acababan de anunciar el primer concierto de un ex-Beatle en Colombia, Paul McCartney, y yo lejos. Me partió el corazón no poder estar, pero si sabía quienes iban a estar por mi: mis papás. Logré mover todo y conseguirles dos boletas en sillita, cerca del escenario. Estaban felices ambos, porque su legado fue ese - el darnos a mí y a mis hermanos la posibilidad de música que tendría la cualidad de durar por siempre, y el poder compartirla juntos. Lo mejor en medio de todo esto es que encontré páginas que transmitían el concierto en vivo para los que, como yo, pudieramos estar sin estar y sentir el corazón lleno de nostalgia y felicidad. Mamá incluso me contó que estaban tratando de entrar al estadio de fútbol donde fue el show y la policía no los dejaba llegar: fue porque Sir Paul se estaba bajando del carro a saludar como reina a todos los presentes y ella le pudo ver la piel tan perfecta que tenía "Polcito". Quedaron fascinados, y siempre los tenía a ellos como mis mejores partners para cuanto concierto hubiera en Colombia. Eso si, de rock solamente gracias. 

Doce años más tarde, mi papá ya está más viejo y cansado y prefiere los conciertos en silla, porque ya no soporta estar de pie por los años que le pasan y el accidente y la falta de ejercicio y de sueño. Mi mamá hace ocho años está internada en hogares especiales para cuidarla porque su cerebro se volvió un carbón negro que no le permite ser la mujer alegre y vital que tuve el honor de tener como madre. Yo, en su honor, me la paso de concierto en concierto y en cuanto festival puedo, sin hijos, sin marido y disfrutando lo más posible. Doce años más tarde, Paul McCartney regresa a Bogotá como parte de su gira GOT BACK. 

Conseguir las boletas fue una locura. ¿Fecha de venta anotada? Si. ¿Tarjetas de crédito listas? Si. ¿Comentarios críticos de papá y de mi hermano que también iban al concierto de gastarme la plata en cosas que no necesito? Siempre, bebé. Tras veinte minutos de angustia, tres boletas en gramilla aseguradas. Después, la espera para el día del show. 

Ya pasaron los días, viernes al fin. Alejandro no estaba seguro de ir sino hasta el final y mi papá me tenía seca a punta de preguntas ¿Puedo llevar esto? ¿Será que me dejan entrar una silla? - que si nos íbamos en carro, un taxi. Los llevé a coger bus, que casi no nos pasa y directo al estadio. La organización no me sorprendió por lo desastrosa que fue, ya que en una sola fila que le daba la vuelta entera al Movistar Arena veníamos agrupadas cuatro localidades distintas: nadie sabía nada, la mafia de los puestos adelante seguía tan campante ofreciendo una fila menos, y éramos todos al trote esperando que ninguno de nosotros descuidase su puesto y así, otro llegar a ocuparlo. Después de unos cuarenta minutos, ingresamos al estadio y nos sentamos. No podíamos ingresar comida, pero unos chicos que me escucharon decir que tenía hambre me dieron un paquetito de galletas que habían ingresado a las escondidas: no encontré mi amado palito de queso entonces no quise comer nada porque todo era carnes. Papá y Alejandro, fieles a su tradición, tampoco comieron nada. 

A las 9:30 PM, empezó el show. Paul McCartney, durante esas tres horas de concierto hasta unos minutos después de la medianoche, nos dió a todos sopa y seco. Un hombre de 82 años que canta, baila, hace bromas con el público le debe su vitalidad al yoga y una dieta vegetariana que ha mantenido como pilares de su disciplina por años y que nos dejó a todos con la boca abierta. A mi lado había gente de la edad de papá o tal vez menor que él, gente de la edad de mi hermano y mía, y, lo más sorprendente, muchos chicos menores que cualquiera de nosotros. Una chica menor que yo, cuando exclamé lo vital que era Paul, cómo putas está dándola toda él y nosotros no me respondió "Es la inmortalidad, amiga". Te creo. 

Parecíamos poseidos todos por algo que no puedo explicar. Era asistir a la celebración de la música, del amor por la esposa presente en el público y amor por los amigos que no están ya con nosotros y que gracias a la realidad virtual fue posible evocar, por momentos, la presencia fantástica de John y George, gone too soon. Más de uno de mis amigos lloró: por la nostalgia de otros tiempos quizás más felices que no podrán volver, por los tiempos felices de infancia, esa primera tonada que nos evoca un pasado luminoso y lleno de nosotros mismos. 

A nuestro lado, una mujer más bajita que yo y que luchaba por ver. Iba sola - no me supe su nombre nunca, ni nada que me haga recordarla. Un saquito color pastel, pelo largo, sonrisa fácil. Estaba felíz por vernos a nosotros asistir como familia, como tantas otras familias que se reencontraron con la música esa noche. Durante Now and Then, la canción más reciente de los Beatles (con la participación especial de John, desde el más allá), las dos lloramos: me pareció criminal dejarla sola llorando, recordando quizás a alguien o algún momento de su vida. Le rodee los hombros con mi brazo y lloramos juntas mientras Paul también cantaba con los ojos rojos, lleno él también de recuerdos y de tristeza y de agradecimiento por estar juntos esa noche. 

Paul hablando español, agradeciendo nuestra presencia y el estar aquí presentes, con la promesa al final de vernos de nuevo pronto. No sabemos cuándo será eso, si ese momento existe. Existió el ver a mi padre feliz y agradecido con estar, a pesar del cansancio. Existió ver a Alejandro pidiendo quedarnos una canción más, cantando cada canción y recordando otros tiempos, cuando ninguno de nosotros tenía arrugas ni ojeras ni preocupaciones que nos quitasen el sueño.

Para cerrar la noche, ya terminado el show y rendidos del cansancio, buscamos transporte. Una patrulla de la policia nos cerraba el paso y junto a ellos, ingleses también dando órdenes a la distancia. La calle cerrada para darle paso al bus que transportaba a Paul junto con su grupo de genios, rumbo al hotel para una merecida noche de descanso mientras que Paul mismo, frente al conductor, nos sonreía y hacía un thumbs up a todos, mientras me miraba y me sonreía a mi grito de que lo amábamos y le dábamos las gracias por volver. 

Paul McCartney, don't ever die. Always come back to us. 


viernes, 11 de octubre de 2024

Kazan, or lost loves

 (Ésta entrada hace parte de mi libro, DANIELA. Diez ciudades, diez formas de ver la vida. Tengo un bloqueo creativo ni el hijueputa, y tal vez la única forma de sacarlo es escribiendo)

Share my body and my mind with youThat's all over nowDid what I had to do'Cause you're so far past me nowShare my body and my life with youThat's way over now

I'm finally happy now that you're gone

Lana del Rey, Cruel World


Where are we, sister?

This is Kazan, Daniela. I have no memory of this city, but there is only one way to reach its memories and its ideas. Walk with me.

Do you like being here?

No. I don't like it. It brings me memories of someone. He spoke like everyone does here: with words glued to each other, no pause in between. Not because he spoke fast, on the contrary. Spanish is not his native language, and yet he speaks it so well, perhaps even better than you or me. I feel that when he spoke their language, he did it in cursive. Cursive? 

Words have no beginning in this language, they have no end. It's like if they were threaded all the time on the tip of the tongue and people let them fall like drops, fast and slow, but they're still stuck after being torn from their source. It's horrible, really - but when I was in love with him, or I heard the great actors of his nation recite their plays and poetry, I found it to be so beautiful. 

I was always a sucker for accents, Dani. The past that is present in another language, hidden and biding its time, the inflection of the voice when modulating in different manners. Or just maybe because I found the speaker to be attractive, regardless of their gender, and therefore I liked their language even more: English, Italian, German, Russian, Dutch. I fell in love with all of them in my own way. 

Sister, what is love? I am not alive: I do not know how it feels.

I thought I knew what it was. I thought it was to have one person that needed you like air, and forgot about everything with your sole presence. But it is more than that: it is routine. Commitment. To share a silence when time stands still on a Sunday, 4 PM. You go from friends to lovers to accomplices. You accept your own flaws reflected in the others' virtues, and viceversa. You have a favourite person, and you're not it, and be able to tell them everything. All of this is love: but it is not what I had with him. Love saves, love heals. Love does not open past wounds, and does not create fresh pains. It should be salve on bad days, a bucket of ice-cold water in tougher days. What I felt was love, but the passion burnt me - and what I need is carbon after it has burnt, warm and safe. A sweet and gentle fire, that can be used at will - not an intensity that harms.

What was his name? It doesn't matter. His name is not relevant for us - our story is what matters. What you are able to understand from it. 

(Should I go on?)



martes, 30 de julio de 2024

Alas

 I curse myself sometimes-

-for wanting to see the world. And exploring mountains and caves and unknown places. Where nobody speaks my language. 

-for staying still. Silent and ignoring the life and the world around me. Refusing to move on. 

I curse myself for being like my mother - strong and silent and quiet and brave and stubborn. 

For wanting to see the world and forgetting that my roots are stronger than the wind. 

For breaking my soul in two, finding a new home in every different city and a friend to rely on, better than any lover. For breaking my heart every time I get into another airplane, speak another language, find another life.

I wish I could find solace and peace in my books, and my cats, and our small kitchen. But I cannot. 

My mother was a sailor before me: but she took an anchor, tied it to her neck, and had children and a husband and a brain that now looks like black coal. 

I am cursed. I chose to live so many lives, because I cannot deal with a single one. 

May this curse live longer than I do. May I find happiness and peace inside an airplane, inside my bed reading stories to my cats, speaking a language I cannot remember anymore.

May I live longer than my fears, and my hatred of love. 

Que siempre, siempre, pueda regresar al recuerdo luminoso de mi madre, para recordar que soy marinera. 

viernes, 28 de junio de 2024

El libro de mi madre.


 

Dice la leyenda familiar que un día, a los tres años, yo aprendí a leer de corrido sin que nadie me hubiese enseñado a hacerlo. Me pasaban botellas de vinos en otros idiomas, el periódico con el anuncio de la Miss Colombia 1987: yo lo podía pronunciar todo claramente, y no a media lengua como se supone que debía hacerlo. Lamentablemente, no hay registro de tal hazaña, solo el relato hablado de mi familia y de los vecinos. 

Amaba leer, y terminé desarrollando problemas para escribir (y una actitud contestataria con las profesoras del kinder): a mamá le sugirieron esconderme mis libros de cuentos con la idea que tal vez así me pondría a escribir y dejaría de responderle feo a mis profesoras. 

Mamá fue al día siguiente a la Pinacoteca de Colsubsidio y me compró todos los libros que pudo.

Curiosamente, mamá no leía. Le gustaban los Reader's Digest en español, las recetas de cocina de las revistas y la columna semanal del Padre Llano. Pero ella no leía: no recuerdo haberla visto con un libro en la mano. Solo uno. 

En el colegio, una de las lecturas obligatorias era el clásico Pedro Páramo y el Llano en Llamas de Juan Rulfo. Después de aprender sobre el autormexicanonacidoen, pasamos a leer el libro y a indagar el porqué de su escritura. A mi no me interesaba saber el porqué de nada: más me intrigaba el hecho que mamá también se pegó a leer el libro conmigo. Y discutiamos sobre la vida y la muerte - conversaciones que ya no reccuerdo, porque mi mente tiene que hacerle paso a otros recuerdos y en esos momentos, no era realmente tan importante como lo es ahora. 

Cuando le gustaba ese libro. 

Ella me hablaba de la regresión que se mandó a hacer para descubrir porqué le gustaban tanto las piedras y las ruinas, porque se sentía a gusto en el calor infernal del desierto sin sudar ni una gota y porqué ese silencio la llamaba: descubrió que en su primera vida, entre sus tantas vidas, fue una mujer del desierto que andaba en sandalias y caminaba con una tinaja de agua sobre el hombro. Tal vez por eso el relato de Rulfo, de ese calor que quema el aire y las palabras, que crea espacios donde se vive dentro del recuerdo y se muere con arena entre los dientes le hablaba a ella, a esa parte de su mente escondida detrás de las cuentas por pagar, de la familia disfuncional que tenía y de la enfermedad que se abría paso silenciosamente en su cabeza. 

Nunca entendí lo visionaria y brillante que era mi madre hasta que la perdí por la demencia que ha reducido su cerebro a una piedra negra. Es como el desierto con el que ella soñaba: allá, donde no llegan mis palabras, donde se murieron los hijos de Pedro, Susana, las ánimas en pena. Solo ahora puedo recordarla en lo que fue, y por eso ese libro es tan importante para mí.

Cuando lo leo, recuerdo a mi madre. Recuerdo su amor por el desierto - que me llama también a mí, hija de la montaña y del frío -, su voluntad inquebrantable, su risa. Su amor por los viajes, la montaña. Ella es como yo, pero ella se cortó las alas para vernos a mí y a mis hermanos vivir la vida que quizás hubiera ella podido tener más allá del calor y de las montañas.

Por eso quise (y no fue así) hacer mi tesis sobre ese libro: sobre los espacios de vida y de muerte. Sobre el sueño que se hace pesadilla. El calor que quema, calor que da vida, arena que sofoca las palabras y el aliento. 

Aún ahora, que leo el libro en mi Kindle, la veo a ella. Me veo a mí misma en el espejo y la veo a ella, siempre a ella y en todas sus vidas, conmigo. Estoy tratando de escribir un libro sobre ella, sobre mi hermana muerta, sobre mí y sobre las ciudades que vivimos: me doy cuenta que dilato en temor de no ser capaz de escribir algo que valga la pena. Pero en ese temor, esperanza: que en cada palabra que escribo, la revivo a ella y a Dani, mi hermana. Por ellas escribo, aunque cada palabra me cuesta sacarla como si fuese el calor que me aterra, el viento, el silencio y el no poder llegar a ellas con mis palabras, a ese espacio que está más allá de las montañas y a donde no llegan mis palabras. 

Para escuchar, solo esto. 



jueves, 18 de agosto de 2022

Phantasmagoria Blues - Mark Lanegan

 I have given to you, Jane

A torn and tattered love

But do you hear the tolling bells
That ring down from above?
I thought I'd rule like CharlemagneBut I've become corruptNow I crawl the promenadeTo fill my empty cup
And you're freeYou're free againOne more time
Now if you found a razor bladeAnd took it to your wristThen I'd be here in my electric chairBecause of this
All last night and night beforeI stood on the pier and criedBut I don't want to turn awayFor fear of going blind
And you're freeYou're free againOne more time
I have given to you, JaneA bruised and beaten loveBut do you see the cold white lightThat shines down from above?
Thought I'd rule like CharlemagneBut I've become corruptNow I'll crawl the promenadeTo fill my empty cup
And you're freeYou're free againOne more time
And you're freeYea, you're free againOne more time